palabras, «solo» palabras

En manos de un gran escritor, las palabras -elegirlas, sopesarlas, interrogarlas, descartarlas, no darlas por sentadas, deleitarse con ellas- pueden cambiarlo todo de forma desinteresada: cambiar nuestra forma de ver el mundo, lo que podría incluso convertir la elección de las palabras en un acto político incipiente.

Richard Ford, En palabras sencillas.

He concluido este librito que ha publicado Feltrinelli, la editorial italiana que ha comenzado a publicar en castellano, y lo he hecho con agradecimiento por el destacado ensayo con el que el autor de Misisipi, Richard Ford, nos ha obsequiado. En el mismo, el escritor diserta sobre el hecho de escribir como parte de la acción política que comienza en lo íntimo, en casa, en lo cotidiano. Las palabras elegidas son parte de un todo que une lo artístico, lo ético, lo privado y lo público.

En palabras sencillas, es el título de este ensayo tan lúcido, y la cita que está al comienzo de esta entrada me hizo pensar largo sobre el poder de las palabras que se eligen o no. Porque de esto trata este libro, de la capacidad que tenemos en la vida para elegir unas u otras palabras, cuya elección pueden cambiar la visión de la vida misma, incluso en parte o en el todo de la acción política, esto es, la manera que tenemos de vivir y nuestra forma para incidir en el desarrollo de la misma.

Esto no es algo nuevo, ni mucho menos. El poeta y capuchino, Víctor Herrero, es capaz de maravillarnos con su amor por las palabras, desvelándonos el origen de una palabra, el significado que va unido al nacimiento de esa palabra en otro idioma, las posibilidades de elección de esa palabra o de un sinónimo, el empleo en tal o cual situación. Herrero advierte de la capacidad de ver lo invisible a través de la exposición de lo visible a través de unas palabras u otras. Y en un plano más siniestro, a nadie se le escapa que buena parte de la manipulación ideológica tiene que ver con la apropiación de algunas palabras para cambiarles el significado: libertad, democracia, ley, justicia, entre otras, que han sido manipuladas hasta la saciedad en los últimos tiempos por conveniencias partidistas.

Por mi parte, hace tiempo que me fui haciendo con algunos ejemplares de diccionarios que de vez en cuando abro para elegir la palabra adecuada de lo que quiero transmitir. El diccionario de la RAE, claro, pero también el María Moliner. Diccionario de sinónimos y antónimos, y uno de etimología, también uno de ideas. Y libros preciosos sobre el significado y origen de las palabras. Porque en este mundo y en esta época donde reducimos a pasos agigantados las palabras que utilizamos, acortando de esa manera los matices y la diversidad, usando una brocha gorda que juguetea con el pensamiento único, es del todo necesario ser conscientes del poder que tienen las palabras para hacer un mundo más humano y bello. De nosotros depende.

Un libro estimulante y muy recomendable.

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