Iruñea y sus barrios necesitan gaztetxes, locales autogestionados para la juventud, desde donde se puedan emprender dinámicas que aporten a la vida de la ciudad, al día a día de los barrios y a medio y largo plazo incorpore nuevos valores para ese nuevo modelo de sociedad, alternativo al actual, que entre diferentes tenemos que seguir construyendo. Pero sobre todo, que aporten los valores de la juventud que el sistema, día si y día también, se empeña en arrinconar, marginar y criminalizar.
Iruñea ha contado con muchos gaztetxes, muchos de ellos lugares de encuentro inter-generacional y uno de ellos, el Euskal Jai, auténtico centro social de creación y espacio de debate y construcción para Alde Zaharra. Todos estos espacios tuvieron su proceso, contaron con sus marcos de reflexión y decisión y fueron un elemento más en el camino que nos llevó y continua llevándonos hacia el cambio social y político.
Y en estas estamos cuando, una parte de ese cambio se dio hace año y medio, logrando que fuerzas políticas accediesen a la gestión del Ayuntamiento de Iruñea, un ayuntamiento que, hasta entonces, se había caracterizado por la persecución de cualquier movimiento popular, alternativo, vecinal y juvenil. Y de un día para otro, quien participó y participa en ese movimiento amplio y diverso, se encontró, nos encontramos, dirigiendo las riendas de un ayuntamiento que nos hemos empeñado en convertirlo, pese a leyes impuestas, en un instrumento principal en el proceso de cambio que estamos realizando.
Soy de los que he mantenido y mantengo un respeto exquisito por los procesos que lleva el movimiento popular. Podré estar de acuerdo o no con algunas decisiones, con algunas dinámicas o con algunos objetivos, lo diré donde lo tengo que decir, mostraré mi satisfacción o decepción, escucharé y hablaré con quien tenga que hacerlo y aportaré mi opinión y mi trabajo en los diferentes marcos que existan, de cara a colaborar en ese proceso de auzolan permanente que es el trabajo del movimiento popular. Así lo he mamado y lo he aprendido a lo largo de toda mi vida. Cada cual tiene su propia historia. Yo tengo claro que la mía está hecha, básicamente, de haber trabajado conjuntamente con diferentes para lograr un objetivo común. Y así seguiré haciéndolo.
Y desde ese respeto que me merece el movimiento pro-gaztetxe de Iruñea, las dinámicas a favor de espacios autogestionados para la juventud o las vecinas y vecinos de los barrios, o los procesos encaminados a crear espacios de encuentro en los diferentes barrios, quiero mostrar mi decepción por una pegatina que ha aparecido esta mañana en la sede de EH Bildu en Iruñea. Defiendo la libertad de expresión de cualquiera, la necesito para mi y por lo tanto asumo que esta necesidad es compartida con el resto de colectivos y personas. A una pegatina le doy la importancia que tiene, ni más, ni menos. Es un mensaje, en este caso un mensaje directo. Pero cuando en el mensaje se insulta y señala a compañeros con los que comparto la ilusión de trabajar para mejorar la ciudad, no puedo quedarme mirando como si nada pasase.
Entristece ver cómo llaman mierda a tus compañeros, cómo mienten en una pegatina. Pero, por otro lado, tranquiliza leer los verdaderos objetivos de alguna persona que, de forma anónima, sin firma, expone con esa crudeza. Tengo la seguridad de que esa pegatina y ese mensaje no es compartido por la gran mayoría de gente que está trabajando en Iruñea y sus barrios por conseguir espacios autogestionados de calidad. Y me enfada porque esta pegatina no es el mejor modo de conseguir apoyo social al objetivo de conseguir espacios autogestionados en esta ciudad. Ese objetivo que tenemos muchas en Iruñea necesita ser compartido con el mayor número de personas. No puede quedarse en algo marginal. Ni mucho menos.
La policía de proximidad será una realidad más pronto que tarde y en ese camino nos hemos encontrado y nos seguiremos encontrando con dificultades que sortearemos en nuestro empeño por seguir adelante. Lo critiqué en su momento y lo sigo haciendo. No comparto las formas empleadas por agentes de la policía municipal en el desalojo del edificio ocupado de Sarasate 13. Cambiar algunas formas impuestas por quien hizo de esta policía una policía política y guardia pretoriana, cuesta. Algunos cambios se han dado, otros se seguirán dando. Sin dudarlo y pese a quien pese.
No es cierto que el Ayuntamiento haya «tachado a los y las jóvenes de irresponsables». Es sencillamente mentira. Quien ha mentido sabrá por qué lo hace y con qué objetivo. Y el Ayuntamiento no solo no deslegitima los espacios autogestionados, sino que los apoya y acompaña, en la medida de lo posible, para hacerlos realidad. Los ritmos son, a veces, más lentos de lo que quisiéramos. Pero no hay pausa, ni descanso.
Yo también estoy a favor de la autogestión de mi vida. Pretendo ser libre, con mis incoherencias, en mi vida, pensamiento y acción. En cuanto a la autoridad, creo en la que se construye a base de trabajo, de compromiso, creo en la autoridad que tienen hombres y mujeres en todo el mundo y que es consecuencia natural de ser personas referenciales en sus ámbitos, sectores y lugares. Creo en la autoridad individual y sobre todo en la autoridad colectiva, la del pueblo. Creo en la autoridad compartida, cada una y cada uno en su espacio. Coincido en que la ocupación no puede ser nunca legalizada. Ni falta que hace. Creer o no en un proyecto es parte de la libertad personal. Respeto.
Seguiremos trabajando, que nadie lo dude, en favor de espacios autogestionados, en favor de movimientos populares y vecinales, en favor de dinámicas constructivas y siempre desde el respeto que nos merece cualquier dinámica surgida desde la calle. Quien quiera hacerlo tiene diferentes marcos y lugares para hacerlo, todos con un mismo objetivo, cada cual con diferentes instrumentos.
Mi cariño y un abrazo a mis compañeras del Ayuntamiento y de EH Bildu. Nadie nos dijo que iba a ser fácil. Seguiremos adelante, porque creemos que las utopías son posibles. Seguiremos mejorando Iruñea. Seguiremos construyendo. Entre todas y todos.




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