el hilo infinito

La colección de Argumentos que publica la editorial Anagrama suele ser una caja de sorpresas. De buenas sorpresas. La última ha sido El hilo infinito, de Paolo Rumiz, un periodista italiano que me está cautivando con su hermosísima escritura.

Sacra di San Michele, fotografía de Luigi Ottani

El que odia a su hermano es un homicida.

1 Jn 3, 15

El Oficio de lectura de esta mañana no se ha andado con contemplaciones. Es así de claro, casi como un bofetón en la cara en estos tiempos tan mediocres. Y es que, la cita de Juan, siempre tan simbólico en otras ocasiones, pero tan real en esta, me ha recordado la lectura de estos días de monasterio en monasterio, como la madeja de lo que fue la construcción de esa Europa hoy tan vapuleada. Porque fueron los monjes de San Benito quienes, tras la disolución en Occidente del Imperio romano, fueron capaces de ofrecer un poco de orden a los pueblos del continente. Pero no solo a los pueblos, sino, y sobre todo, a las personas que habitaban esos pueblos. Porque lo de los monjes no es política, o no política al uso, partidista, sino humanidad, atención y prioridad a las personas.

¿Cuál es el hilo que nos mueve en esta Europa actual? Si entonces ese orden estaba basado en la escucha y la hospitalidad, hoy en día es el desorden cimentado en el monólogo ensordecedor y en la sospecha al otro lo que pareciera mover los hilos europeos. ¿Dónde ha quedado aquella Europa solidaria, culta, acogedora, diversa? ¿De verdad ha desaparecido?

Paolo Rumiz, en este maravilloso libro, aboga por mirar cómo viven los monjes y monjas de la Orden de San Benito, cuyas vidas son un continuo Ora et labora regidas por un sistema de convivencia, la Regla, que bien podría servirnos en este tiempo de desorientación. Y en este contemplar, el periodista recorre Europa, yendo de monasterio en monasterio, hablando con los monjes negros, observando su forma de vivir y escuchando sus palabras.

Praglia, en el Véneto italiano, Sankt Ottilien, en Baviera, Viboldone en la Lombardía, Muri Gries y Marienberg, en el Tirol, San Galo, en Suiza, Citeaux, en Francia, Saint-Wandrille, en Francia, Orval, en Bélgica, Altötting, en Alemania, Niederalteich, en Alemania, Pannonhalma, en Hungría, Camerino, en Las Marcas italianas, San Giorgio Maggiore, en el Véneto, Montserrat, en Catalunya, Göttweig, en Austria, Tyniec, en Polonia, un buen ramillete de monasterios irlandeses, otros en la Costa atlántica portuguesa…

Es a través de todos estos lugares desde donde Rumiz, compaginando historias, historia, cultura, proyectos, realidades, mística y liturgia, música y literatura, nos transmite la necesidad de cambiar de rumbo en esta Europa que cada vez más nos resulta desconocida. Una Europa que, si no lo remediamos, dejará de ser la Europa acogedora de pueblos diversos, la Europa enraizada en la convivencia, para ser simple y llanamente la Europa de unos pocos señores de la guerra necesitados de muros y alambradas para proteger sus sangrientos intereses.

Porque no es el odio el que tiene que mover a Europa, sino el amor, la solidaridad, la convivencia y el respeto, el aprendizaje mutuo, la escucha y la hospitalidad.

Solo así dejará de ser una Europa homicida.

Una lectura imprescindible.

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