Un joven fotógrafo que cubre el conflicto en Palestina (antes del 7 de octubre de 2023, porque después todos los periodistas fueron expulsados por el gobierno israelí), un día, paseando por la ciudad de Gaza, se dispone a fotografiar a un hombre que lee en la puerta de una librería. El librero, antes de que le haga la foto, le pide que escuche su historia.

La historia del librero y la fotografía no es real. Es una historia escrita por la imaginación de un autor. Pero es una historia que ha sido y es real en muchas palestinas y palestinos. Y es la historia real de todo un pueblo. La Historia de Palestina de las últimas décadas, desde el final de la II Guerra Mundial hasta nuestros días es la historia de Nabil, el librero de Gaza: nacido en un pequeño pueblo palestino, del cual huye, niño todavía, con su familia, tras una matanza de hombres por parte de soldados israelíes como represalia por otras muertes… Desde el comienzo de su vida, la muerte parece ser la que va señalando el destino de cada uno. Exilio, en un carro con las pocas pertenencias que pueden llevarse, con los padres, abuelos… dos cazuelas, una tetera con su bandeja y poco más… Y en el camino de ese éxodo, el odio y la violencia pueden surgir al doblar la esquina… Otra vez unos soldados escupen y abofetean, esta vez, al abuelo, y en ese anciano, a la dignidad de una familia, de un pueblo entero… Y llegan a Nazaret, como aquella otra pareja y su niño tras el exilio en Egipto. Se «instalan» en un campamento para refugiados, el primero de una lista que se extiende durante décadas. Allí asiste a la escuela, mientras algunos movimientos políticos surgen, y entre la suciedad y la miseria hay quien mira al horizonte creyendo de verdad que algún día volverán a su tierra. De ahí a otro campamento, este más grande, enorme, con 200.000 almas acinadas en medio del polvo que se convierte en lodo en cuanto caen esas fatídicas lluvias torrenciales. En ese campamento de Gaza, las lecturas se suceden, el padre se hace con una barcaza y se dedica a la pesca, empeñado en que los hijos estudien, y así, los estudios avanzan. Se forma un grupo de teatro que representa Hamlet, allí, en medio de la nada, en la miseria más absoluta, porque incluso cuando nada hay, siempre quedan las historias. La representación emociona a los espectadores y la historia de esa traición, la locura de un hijo y la muerte del joven príncipe son vividas como en propia carne por quienes escuchan los diálogos del bardo inglés. La guerra de los seis días sucede, ocurre, y llega hasta el campamento, provocando muerte… los abuelos son tragados por un tanque y el hermano mayor se encuentra con la bala asesina… El horror, otra vez el horror… Se establece un control militar israelí en toda la franja, son años de caos, humillación y destrucción, y en mitad de todo eso, el empeño por crear una biblioteca. Un día reciben una beca para estudiar en la Universidad de El Cairo. Allí están algunos años, estudiando con un poeta. Unos acaban de médicos, otros se hacen abogados, el librero se convierte en profesor. Unos se van a Estados Unidos, otros se quedan en Egipto, pero el librero vuelve a Gaza, porque allí está su gente, su pueblo, su vida… No quiere abandonarlos. Se casa con aquella chavala con la que representó el Hamlet, ahora convertida en médico. Tienen un hijo y después una hija… La vida continúa, los años pasan, los niños crecen… y en 1987 se da la primera Intifada… Su hijo muere bajo los disparos israelíes… Esta vez David ya no utiliza piedras… esta vez es David quien dispara balas contra piedras lanzadas por niños. El protagonista de esta historia se rompe en mil pedazos, el odio que no había tenido nunca, a pesar de los pesares, lo aprisiona, y responde con ese odio al odio recibido. Y es detenido, y encarcelado. 20 años en prisión. 20 años sin su familia, solo cartas, y poco más. Los libros le salvan. Otra vez. Y al salir abre la librería. Y al pasar los años, llega el fotógrafo, y le cuenta su historia… Y la historia llega a nuestros días, a esos días tras aquel 7 de octubre.

A pesar del dolor y la dureza de esta historia real, hay, repartidos por toda la narración, momentos de esperanza, que insisten en mirar más allá del odio y el dolor. Son como el clavo ardiendo al que se sujeta el librero. Son como aquella comida de Ramadán de un 1 de marzo de 2025, en las calles de una Gaza devastada, pero todavía con la mirada puesta en un pequeño destello de esperanza.
Tratándose de la historia de un librero, las referencias literarias son constantes. Ahí dejo la lista:
- La condición humana, de André Malraux.
- Mahmud Darwish, poeta.
- Victor Hugo, escritor.
- Libro de los salmos.
- Corán.
- D’Artagnan y los tres mosqueteros, de Alexandre Dumas.
- Los Evangelios.
- Hamlet, de William Shakespeare.
- Si esto es un hombre, de Primo Levi.
- El libro de Job.
- Los condenados de la tierra, de Frantz Fanon.
- El viejo y el mar, de Ernest Hemingway.
- El diluvio y la recreación, de Murid Barghuti.
- La gente en su noche, de Murid Narghuti.
- El sueño de una noche de verano, de William Shakespeare.
- Wole Soyinka, autor teatral.
- Jean Genet, escritor.
- Chumbera, de Sahar Jalifa.
- Archipiélago Gulag, de Solzhenitsyn.
- Michel de Foucault, filósofo-
- Milan Kundera, escritor.
- Umberto Eco, escritor.
- Doris Lessing, escritora.
- Ítalo Calvino, escritor.
- Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez.
- El principito, de Antoine de Saint-Exupéry.
- Fernando Pessoa, poeta.
Con este libro y el anterior que leí me ocurrió una cosa curiosa. Leyendo Hamnet, en el pasaje de la madre amortajando al niño, entre sollozos me vino la imagen actual de otros niños amortajados en un sudario blanco, imagen que corresponde con la de los miles de niños palestinos asesinados en este genocidio dantesco al que estamos asistiendo. Y pensé que el dolor de esa madre de la novela es el dolor real de tantas y tantas madres que hoy en día siguen envolviendo en sábanas blancas los cuerpecitos de sus hijos muertos por las bombas israelíes. Y leyendo este libro, el pasaje de la madre y el niño de la anterior novela vino a mi cabeza al leer el capítulo titulado Hamlet, donde el librero relata la representación de la obra teatral en un campamento de refugiados, con los espectadores mudos de dolor ante la muerte del joven príncipe. Este libro estaba predestinado a que lo leyese después de Hamnet. Afortunadamente.



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