Como el tigre gallardo que cuidadosamente se mueve y observa antes de saltar. La meditación me da la capacidad de observarme a mi mismo y por lo tanto observar el mundo y tras esto se abre la posibilidad de preguntarme si lo que veo es felicidad o dolor. Reflexión en la vida diaria, preguntarnos por las cosas comunes y llegar al fondo de la cuestión. Llevamos la atención plena fuera del espacio donde meditamos y la aplicamos en la vida diaria. Eso es discernir, observar y preguntarnos si con eso traeré felicidad o no. Y es que, en esta vida en donde nos dan todo ya hecho y donde prácticamente eligen todo por mi, la posibilidad de discernir es un valor que se me antoja imprescindible.




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